El pasado 13 de enero viejxs i nuevxs amigxs tuvimos la oportunidad de compartir recuerdos y reflexiones en el encuentro «Destramando la memoria alojada» en la Fundació Joan Miró, una de las actividades de la exposición «A la mà, la memòria«.

Como invitadxs especiales, compañerxs del Grup de Mitja Subversiva, de Niu d’aranyes y del Taller de telar de cintura del Banc Expropiat, espacios que he transitado durante años y en los que se ha creado esta red de saberes entrelazados que conforma la base teórica/práctica de la exposición.

Juntxs, comenzamos por analizar los conceptos de topoanálisis, de Gastón Bachelard, y de habitus, de Bourdieu, a través de una aproximación intuitiva a los mismos.

Bachelard desarrolla la idea de un inconsciente alojado (en nuestro cuerpo, o en determinados espacios, como la casa…), de forma que «más que hablar de un psicoanálisis para explicar las zonas de nuestras vidas íntimas, hablaríamos de un topoanálisis«. Por ejemplo, Bachelard liga nuestros sentimientos a las diferentes partes de la casa (el sótano asociado al miedo, la buhardilla a la protección, la oposición exterior/interior…). “La casa natal está físicamente inscrita en nosotros. Es un conjunto de hábitos orgánicos”. Así, uno puede moverse por la casa en la que se crió sin necesidad de recurrir a la memoria, sino como una respuesta corporal al espacio inscrito en nuestra carne.

El concepto de habitus, por otra parte, incorpora a las ideas de Bachelard una dimensión más colectiva y politizada. Nuestros cuerpos son moldeados por hábitos infundidos dentro de un entorno compartido (cultural, de clase social, etc.) y articulados como movimientos que están […] “colectivamente orquestados sin ser el producto de la orquestación de un conductor”. “Aprehender (saisir) no es aquí comprender, sino in-corporar, tomar en la mano, introducir en el cuerpo”. Es importante destacar aquí que los hábitos compartidos engendran sentimientos, especialmente la camaradería, de una forma más fuerte que a través de lo verbalizado u otras demostraciones conscientes de los mismos.

Llevando todo ello al ámbito concreto de la costura, ¿qué solidaridad se genera entre lxs que nos juntamos a coser juntxs? ¿Qué hábitos corporales nos hace desarrollar? ¿Qué dolores, o qué recuerdos de dolores o sentimientos, enseñados a la par que los mismos movimientos, nos hace compartir? La idea de una memoria alojada se convierte aquí en una memoria alojada compartida y colectiva.

Así, la idea de este taller, y a modo de experimento, era realizar una serie de ejercicios para intentar ser más conscientes de esa memoria alojada, de dónde se aloja y de con qué nos conecta. E, incluso, entrar en ámbitos más especulativos. ¿Creemos en los movimientos heredados sin referente? ¿Podemos haber heredado un movimiento, un modo corporal de estar, relacionado con un objeto o una práctica que ya no conocemos? Por ejemplo, en el caso del telar, ¿puede ser que la memoria del telar esté todavía inscrita en nuestro cuerpo después de miles de generaciones? ¿Hay determinados hábitos corporales, cuya función no hemos conocido, que despierten ahora en contacto con esta técnica, mantenida gracias a las mujeres que todavía la utilizan en Centroamérica y Asia?

Durante el taller, y en contacto con nuestras técnicas más queridas, con los objetos que de forma más intensa hemos incorporado como extensiones de nuestro cuerpo, surgieron, principalmente, recuerdos de infancia y aprendizaje, de mujeres que cosían en el ámbito de la casa o la fábrica, de cuerpos que fueron pequeños y de dolores concretos y compartidos.